19 de agosto de 2026

Y Despues De Todo… Algo Ocurrio

La otra historia no contada

El GRAN ENGAÑO de la INDEPENDENCIA de América

¿Qué han hecho los hispanoamericanos para merecer dos siglos de deterioro?

¿Por qué la independencia no trajo libertad sino subordinación a potencias extranjeras?

¿Cómo es posible que se pasara de ser el territorio más próspero del mundo, centro del comercio internacional, a un rincón de atraso y pobreza? ¿Y quiénes cometieron la barbaridad de desmoronar una unidad territorial y política para crear repúblicas fallidas incapaces de generar seguridad y prosperidad a sus habitantes?

Pues bien, no hay misterio. Esas grandes e incómodas preguntas tienen respuesta y está al alcance de cualquiera que tenga tiempo, paciencia y espíritu crítico para leer e investigar un poco.

Un servidor se ha tomado la molestia de hacerlo y ha llegado a varias conclusiones que a continuación pasare a exponer.

La culpa de la irrelevancia de Hispanoamérica e hispánica la tienen los próceres, esos criollos españolísimos que destruyeron un imperio que no era perfecto, pero sí lo mejor para ese momento y situación… para balcanizarlo en 20 países que terminaron siendo sus haciendas privadas.

¿Qué han hecho los hispanoamericanos para merecer dos siglos de subdesarrollo?

 Pues bien, se ha destruido su mayor ventaja histórica, la unidad. Han seguido los cantos de sirena de una falsa emancipación promovida por intereses extranjeros y ejecutada por élites locales traidoras hasta el día de hoy. De México a Argentina los hispanoamericanos han sido adoctrinados para venerar las gestas de los supuestos libertadores.

Sin embargo, lo que verdaderamente ocurrió fue la ejecución de un plan orquestado desde Londres con la complicidad de criollos adinerados que traicionaron a su pueblo y a la patria que los educó. Esta traición disfrazada de heroísmo fue una maniobra egoísta que desmanteló una estructura imperial, la cual con sus luces y sus sombras había generado prosperidad y cohesión durante tres siglos. Todo este desarrollo se vio truncado por la acción de una oligarquía criolla que, lejos de aspirar a la justicia social o a la libertad, como proclamaban, buscaban el poder absoluto libre de cualquier intervención de los delegados del rey … o de las Leyes de Indias que protegían a los indígenas y evitaban el abuso de poder. Esta joven aristocracia étnicamente española y educada en los valores de la Iglesia Católica quedó, sin embargo, prendada de las ideas que circulaban en Europa, difundidas por la ilustración francesa y la masonería británica. Seducidos por esa ideología que luego destruiría el antiguo régimen en el viejo continente, los criollos traicionaron a un imperio español que les había encumbrado y aportado riqueza y privilegios. Por ejemplo, en Venezuela y Nueva Granada, élites como los mantuanos controlaban el 70% de las tierras y el comercio, pero odiaban las regulaciones reales que limitaban la esclavitud y los monopolios.

A pesar de controlar ampliamente instituciones como los cabildos o las audiencias e incluso de tener representación propia en las cortes de Cádiz, esa clase criolla, esos padres de la patria, desmantelaron un territorio unido fragmentándolo en 20 aduanas, 20 monedas, 20 repúblicas irrelevantes económica y políticamente.

Un espléndido edificio fue desmantelado, dividido y vencido por las grandes potencias del momento. Lo lamentable es que, a diferencia de los líderes de la independencia de Estados Unidos, la casta rebelde en la América española no tenía ningún plan, ninguna hoja de ruta para crear países basados en la soberanía, la prosperidad o la libertad. El único plan consistió en lograr el enriquecimiento de sus haciendas y la impunidad de su saqueo.

Con los nuevos amos desaparecieron la ley y el orden, y se impuso la conquista del fuerte sobre el débil.

El abuso de los colonizadores europeos sobre la población autóctona amerindia, que se había mantenido a raya por las leyes reales y la intervención de los frailes, tenía ahora vía libre. Aplicando el código napoleónico, los próceres llevaron a cabo el mayor trasvase de riqueza en la región en 300 años al escriturar a su nombre las tierras comunales ancestrales de los indígenas. El verdadero despojo había comenzado.

La independencia dio lugar a más de 200 años de guerras civiles y violencia endémica, caudillismo, corrupción, atraso económico y tecnológico, además de una inseguridad jurídica crónica. La mal llamada independencia no trajo desarrollo, lo destruyó. Post independencia el PIB per cápita en Iberoamérica se rezagó drásticamente respecto a Estados Unidos y Europa occidental, cayendo de un 60% del nivel europeo en 1800 a menos del 30% en 1870 debido a la inestabilidad y la balcanización económica.

El 19 fue un siglo perdido con conflictos como la Guerra del Pacífico o la Guerra de la Triple Alianza que devastaron economías enteras y también despoblaron a países como Paraguay. En el siglo 19, los conflictos de límites como la Guerra del Chaco y revoluciones como la mexicana revelaron que detrás de esos enfrentamientos bélicos y fratricidas estaba la mano negra de potencias empeñadas en controlar recursos y población.

Echarle la culpa del subdesarrollo a los 300 años virreinales fue la gran falacia propagada por la élite libertadora, siguiendo instrucciones del Reino Unido.

El profesor Marcelo Gullo, en escritos suyos, desmonta muy hábilmente la leyenda negra como la obra más genial del marketing político británico que ha hecho creer a los hispanoamericanos en una herencia de subdesarrollo española cuando el verdadero daño vino de las políticas adoptadas tras la independencia, diseñadas por las embajadas de Gran Bretaña y Estados Unidos

¿Cómo si no se ha logrado manipular durante 200 años a tanta gente para hacer olvidar que durante tres siglos se había construido con más luces que sombras, una civilización avanzada y próspera?

Esa leyenda negra pervive ahora en la clase política hispanoamericana, profundamente ignorante, –algunos de ellos, otros lo saben y si son conscientes de ello– al desconocer que la enorme desigualdad, la pobreza y el subdesarrollo de los países hispanos y sobre todo la ruina de las comunidades indígenas y mestizas se acentuó tras los golpes de estado perpetrados por aquella casta de pelucones.

Augusto Zamora, Profesor de Derecho Internacional, explica que desde la independencia el periodo virreinal ha sido utilizado por las oligarquías gobernantes como fuente de todos los males en un ejercicio consciente de manipulación que ha hecho que la historia iberoamericana se aproxime más a la mitología.  Zamora sostiene que la responsabilidad del subdesarrollo y desigualdades no proviene del malvado imperio español, sino de las oligarquías que tomaron el poder, más pendientes de satisfacer al poder extranjero y defender sus intereses de clase, que de crear estados fuertes y pueblos educados y felices.

El mito ya es longevo, pero como todo mito es falso y no aguanta una investigación rigurosa. Frente a lo expuesto recientemente por dos premios Nobel de Economía a sueldo de universidades anglosajonas, que culpan de todo al imperio español, el subdesarrollo no es en absoluto herencia española, sino consecuencia directa de la desunión impuesta por intereses egoístas y extranjeros. La unidad virreinal permitía un intercambio fluido de recursos. Plata de Perú financiaba infraestructuras en México.  Textiles de Quito vestían a poblaciones en Chile. Al romper ese mercado, cada región quedó aislada, vulnerable a manipulaciones externas y conflictos internos que drenaron recursos.

Por ejemplo, en el siglo XIX, países como Argentina se gastaron hasta el 40% de sus presupuestos en deudas y guerras en lugar de invertir en educación o industria. Esto explica por qué mientras Europa se industrializaba, Hispanoamérica se estancaba en exportaciones primarias con tasas de alfabetización que cayeron del 30% virreinal a menos del 10% en muchos lugares después de 1820.

La corrupción se convirtió en un fenómeno habitual. Caudillos como Rosas en Argentina o Santa Ana en México usaron el poder para enriquecer a sus clanes, no para enriquecer a sus naciones.

En definitiva, los dos siglos de falsa independencia han sido más bien dos siglos de atraso, resultado de una oligarquía criolla que convirtió a los territorios de la América española en haciendas privadas, destruyendo el mayor y más próspero mercado del mundo, su infraestructura comercial, su unidad aduanera, la moneda común, el real de a ocho y un marco legal propicio para la inversión y el crecimiento.

¿Por qué la independencia no trajo libertad sino subordinación a potencias extranjeras? Porque fue promovida, financiada y armada por el Imperio Británico para sustituir la hegemonía española por un sistema neocolonial más rentable, el libre comercio bajo control inglés que redujo a la región hispanoamericana a ser simple proveedora de alimentos y materias primas.

La independencia fue la aplicación práctica del plan Maitland, un documento estratégico británico que delineaba cómo quebrar el poder español en América desde dentro, usando a las élites criollas como peones ideológicos y militares y a las masas populares como carne de cañón.

Descubierto en Escocia en los años 80 del siglo XX, el manuscrito firmado por el general Thomas Maitland en 1799, era literalmente un plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Perú, Quito y México. El objetivo de esa estrategia era lograr que el Reino Unido se hiciera con los territorios españoles de ultramar, tras fracasar de forma humillante para Londres, numerosos intentos de invasión militar en Cartagena, Caracas, La Habana, Buenos Aires y San Juan. En lugar de recurrir a nuevos ataques, Londres pensó que lo más efectivo sería comprar a la élite criolla para que diera batalla y derrocara al poder español. Después de la pérdida de las 13 colonias en América del Norte y a resultas de enormes deudas contraídas por esa guerra, Inglaterra necesitaba dinero también para luchar contra Napoleón en Europa.

Solo había una manera, apropiarse del oro, la plata y las materias primas americanas que los virreinatos españoles podían ofrecer. Además, los comerciantes ingleses en plena superproducción textil, gracias a la máquina de vapor estaban ansiosos por verter sus mercancías manufacturadas en el que era el mercado más próspero y rico del mundo. Había que romper ese monopolio español. Había que conquistar los puertos y hacer que los contrabandistas de Buenos Aires o de Caracas fueran aliados de Inglaterra y se declarasen enemigos de la corona española.

En 1800, El Plan Maitland contó con el aval del secretario de guerra, Henry Dandas, que lo amplió para proponer la conquista de Hispanoamérica mediante una revolución total financiada y armada por Londres. El plan Maitland fue, por lo tanto, la hoja de ruta para llevar a cabo ese acoso y derribo del dominio español. Y para ello contaban con los jóvenes anglófilos de Hispanoamérica, seducidos por las ideas de Francisco de Miranda, que vivió casi dos décadas en Londres y llegó a trabajar para el Foreign Office.

Como escribe Augusto Zamora, la peregrinación a Londres se hizo natural. Miranda recibió allí la visita de Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Antonio Nariño. No fue difícil reclutarles para que ejecutaran al pie de la letra el plan Malland.

Se les facilitó todo tipo de incentivos, pensiones vitalicias, dinero para reclutar a mercenarios y abundancia de material bélico. El apoyo británico no fue gratis. Los ingleses prestaron el dinero que se cobrarían después con intereses usureros, hipotecando así a las nuevas repúblicas desde su nacimiento y hasta bien avanzado el siglo XX.

Los rebeldes contaron también con los servicios de la Armada de su majestad, buques y marinos británicos como Thomas Cockrain, que permitió a San Martín sitiar el Callao y proclamar la independencia del Perú en 1821, después de cargar en las bodegas de los barcos ingleses todo el oro de la hacienda virreinal y poner después rumbo a Inglaterra. El patrón de Lima se repitió en Buenos Aires, Bogotá, México y Guatemala.

Como denuncia y escribe Javier Padilla, la revolución de los criollos fue desde sus orígenes una empresa de rapiña organizada para vaciar el erario público y suplantar el orden jurídico heredado con el capricho de los conjurados.

A cambio, los nuevos países quedaron en manos de la banca de Londres, con un libre comercio, en términos muy favorables a los ingleses y con la exportación de materias primas a precio de saldo sin olvidar el control político desde las embajadas británicas. Los nuevos estados libres nacieron en realidad endeudados, dependientes y políticamente frágiles.

En la década de 1820, las entidades privadas británicas como la banca Barings prestaron más de 25 millones de libras esterlinas a diferentes gobiernos americanos a tipos de interés impagables. México, por ejemplo, en 1824 contrató 7 millones de libras, pero recibió solo 5,5 millones netos y para 1827 ya estaba en default, debiendo millones más en intereses. La Gran Colombia obtuvo cerca de 7 millones de libras, pero netos alrededor de 3,5 millones. El resultado fue el default de la deuda británica para 1880. Este odioso pasivo financiero forzó tratados comerciales desiguales como el de 1825 con Argentina que abrió mercados a productos británicos destruyendo industrias locales. El caso de México es paradigmático. En 1824, a solo 3 años de su independencia, ya debía millones a banqueros británicos y no podía sostener su propio ejército sin préstamos externos.

Resultado …  más miseria, desigualdades y pobreza extrema.

Entonces, ¿dónde estaba esa libertad prometida por los libertadores?

No hubo tal cosa, más bien una nueva forma de colonialismo económico que perpetuó la subordinación.

La leyenda negra difundida desde las legaciones británica y estadounidense afianzó ese vasallaje. Su gran objetivo era convencer a las poblaciones hispanoamericanas de que los españoles solo habían ido a América a matar, robar y violar. Por lo tanto, la separación sería inevitable. Esta dependencia se manifestó en casos concretos. En Perú, minas como Cerro de Pasco pasaron de enviar plata a España a exportarla a Inglaterra a precios de remate. Esto gracias a los tratados británicos que impedían aranceles protectores.

Sí, la libertad prometida resultó en control extranjero.

El embajador británico y luego el estadounidense supervisaban la política interna de cada nuevo mandatario. Los defaults financieros provocaron la intervención en las haciendas republicanas y también justificaron la ocupación de los puertos. Así, la independencia fue en realidad un neocolonialismo depredador que extrajo riqueza sin ningún tipo de inversión o plan de desarrollo.

¿Cuál fue en realidad el detonante de la presunta gesta y liberación de todo un continente hispano?

Recordemos un poco cómo se desarrollaron los acontecimientos históricos.

Desde 1808 se produjo en España un vacío de poder tras la invasión francesa de Napoleón, con un ejército desmantelado y una armada con gran parte de la flota hundida.

No había tropas españolas en América porque América no era de España, era España, es decir, no existía una ocupación militar porque los territorios de ultramar no eran colonias.

América y España formaban de forma indisoluble una unidad política, así que solo las milicias locales eran capaces de repeler ataques si estos eran extranjeros, como de hecho pasó en Buenos Aires. Ante esa ausencia de poder efectivo en Madrid, la ocasión era perfecta para que las élites españolas de América se sacudieran además a un tiránico rey absolutista, un Fernando VII, odiado en ambas orillas del Atlántico, arrastrado ante Napoleón y Felón con su pueblo.

La primera y decisiva asonada golpista la dio Simón Bolívar, decidido a desafiar al poder monárquico con la intención de erigirse como nuevo emperador de las Américas, a imagen y semejanza del mismísimo Napoleón Para apoyar su levantamiento, el acomplejado y resentido criollo venezolano cruzó la línea roja de permitir una injerencia extranjera que continuaría hasta nuestros días.

Para financiar la contienda, que no fue otra cosa que una guerra civil y más tarde una serie de invasiones, Bolívar remató el patrimonio americano, puso los puertos al servicio de los comerciantes ingleses y llegó a ofrecer toda Centroamérica. Bolívar declaró una guerra a muerte contra los españoles, un furor jacobino que marcó el inicio de una matanza generalizada en toda la América española con masacres como la de Pasto (La masacre de la Navidad Negra en Pasto (1822) fue un episodio de extrema violencia contra la población civil por parte de tropas republicanas durante la independencia de Sudamérica. Represalias similares de carácter implacable ocurrieron en otras regiones del continente contra ciudades o pueblos considerados enemigos o disidentes).

Sin embargo, como afirman muchos historiadores, las batallas tan glorificadas por el mito patriótico fueron en gran parte escaramuzas, refriegas y enfrentamientos de baja intensidad a pesar de la propaganda oficial.

Además, no es que fueran precisamente patriotas los soldados de Bolívar. En las batallas de Chacabuco o Maipú, menos del 10% de los soldados eran locales. El bando rebelde estaba formado por tropas producto de levas forzosas, otras integradas por mercenarios reclutados y a sueldo del dinero británico, sin olvidar a la legión inglesa integrada por 5000 casacas rojas.

El bando realista, sin apenas refuerzos de la península, contaba más bien con la población local mayoritariamente indígena

La lucha desigual y sin un verdadero rival terminó asentando el poder criollo sobre los territorios de la América Hispana en un proceso bélico que duró 18 años.

¿Cómo se pasó de ser el territorio más próspero del mundo … a convertirse en un rincón de atraso y pobreza tan grande?

Se destruyó el mercado común hispano, la infraestructura imperial y una moneda mundial estable y reconocida internacionalmente, reemplazando esa economía unificada por mini estados caóticos, sin industria, sin coordinación y además enfrentados en conflictos interminables. Recordemos primero que la América virreinal era en los albores del siglo XIX una de las regiones más ricas que albergaban el mayor mercado del planeta. En el siglo XVII, el comercio interno creció de manera constante, impulsado por la ampliación de puertos y caminos, por el desarrollo de la banca y una administración con normativas que fomentaban la seguridad jurídica y la protección del intercambio de bienes y servicios en un territorio que abarcaba desde la Tierra del Fuego a California.

La producción en los virreinatos generaba excedentes significativos. Por ejemplo, la minería de plata en Potosí y Zacatecas representaba hasta el 80% de la producción mundial de ese noble metal en el siglo XVII y continuaba siendo un pilar en el siglo XVIII con exportaciones anuales que superaban los 20 millones de reales.

La formación profesional, es decir, el aprendizaje de oficios fue un pilar clave que permitió el impulso de toda una serie de obras públicas una industria con artesanos, artistas, escultores, joyeros, talleres dársenas y astilleros. La red universitaria era impresionante. Para 1800 existían al menos 23 universidades en toda la América española, superando en número a las de muchas regiones europeas fuera de España. Ciudades como México, Lima o Potosí llegaron a contar con más imprentas, colegios y academias que capitales como Madrid y París, o superaban en riqueza per cápita a muchas urbes europeas.

Por otro lado, hospitales como el de San Nicolás en Bogotá o el de Jesús Nazareno en México atendían a una población mayoritariamente mestiza e indígena con sistemas de salud pública avanzados para la época.

El Imperio español en América funcionaba como una macroeconomía articulada, es decir, minería en el Alto Perú, donde Potosí producía el 50% de la plata mundial, manufactura textil en Quito con obrajes empleando a miles de personas, puertos clave como Veracruz o el Callao, manejando el primer comercio de ámbito global, etc.

La población se duplicó en el siglo XVIII de 10 a 20 millones con una diversificación agrícola basada en el azúcar, el café, el tabaco o el cacao, generando superávits comerciales de hasta 10 millones de pesos anuales. Con la ruptura territorial, todo esto se vino abajo.

La fragmentación política fue en realidad una balcanización económica, 20 aduanas, monedas y mercados distintos con déficits fiscales crónicos que impidieron el desarrollo de sistemas financieros modernos. En vez de industrias se fomentó la dependencia de productos ingleses. Las importaciones textiles del Reino Unido crecieron un 500% en la primera mitad del siglo XIX, destruyendo manufacturas locales como las de Puebla o Quito.

En vez de modernización, la región se empantanó en guerras civiles. Más de 100 conflictos internos entre 1820 y 1870, como las guerras federales en Venezuela, que costaron 100,000 vidas y estancaron el crecimiento.

Mientras tanto, el Imperio Británico se beneficiaba de acceso sin restricciones a mercados y recursos. Los puertos dejaron de operar en bloque y comenzaron a competir entre sí, lo que había sido el territorio más próspero del mundo, con excedente fiscal y superávit comercial y exportaciones de 20 millones de pesos anuales en 1800, se convirtió en un mosaico de naciones pobres, exportadoras de materias primas y devotas del pensamiento y control extranjero.

Augusto Zamora señala que hay niveles distintos de subdesarrollo, pero no hay un solo país latinoamericano que pueda considerarse desarrollado. Son sin excepción países de economías dependientes, exportadores de materias primas y ajenos al desarrollo científico y técnico.

Juan Miguel Zunzunegui, escritor y conferencista mexicano, afirma que cuando tú construyes una catedral que te lleva 200 años, edificarla, eso no es una colonia. Te estás quedando a vivir ahí.

Javier Padilla en sus reflexiones apunta a que el atraso económico se profundizó por la pérdida de economías de escala virreinales, donde un mercado unificado permitía inversiones masivas en infraestructuras como caminos reales que conectaban Lima con Buenos Aires, ahora divididos y descuidados.

El paso al atraso involucró también una crisis monetaria. El Real de a ocho, estable y global fue reemplazado por monedas locales débiles, inflacionarias que erosionaron ahorros y comercio.

En Bolivia, tras la independencia, la producción minera cayó un 70% por falta de coordinación e inversiones. En Colombia, el tabaco y el oro se exportaban crudos, sin procesamiento, perdiendo valor. Esta dependencia primaria persiste. Hoy el 60% de las exportaciones hispanoamericanas son vulnerables a precios globales controlados por otros.

La pobreza se enraizó en desigualdades. Los latifundios criollos concentraron las tierras marginando, sobre todo, a la población indígena con tasas de pobreza que subieron del 40% virreinal al 70% en el siglo XIX.

¿Quiénes cometieron la barbaridad de desmoronar una unidad territorial y política? Como ya se apuntaba antes, los próceres criollos ejecutaron un plan de fragmentación geopolítica sin precedentes que arruinó a toda una civilización.

Estos jóvenes no representaban al pueblo ni a los indígenas, que en muchos casos apoyaron a la corona como en las rebeliones realistas en Perú, ni a los mestizos, ni siquiera a los españoles peninsulares. Se representaban a sí mismos y solo defendían sus privilegios y también los intereses de una potencia extranjera que vio en ellos el instrumento perfecto para romper la unidad hispánica.

Criollos como Bolívar, de familia mantuana con vastas haciendas o San Martín, educado en España, pero influido por logias británicas, traicionaron a la patria que les brindó educación y riqueza por un resentimiento causado por exclusiones menores en altos cargos. La consecuencia de sus actos de rebeldía contra su propia herencia fue demoledora.

No fundaron repúblicas, fundaron haciendas personales, gobernadas por ellos como caudillos supremos, muchos de ellos autoproclamados presidentes vitalicios, generales de opereta o dictadores en nombre de la patria.

Esos criollos, padres de la patria, destruyeron un imperio que no era perfecto, pero sí lo mejor que se podía tener en esos momentos, para balcanizarlo en 20 países que terminaron siendo su gran cortijo.  Bolívar, San Martín, Sucre, Iturbide y Rivadavia fueron parte de esta desmembración. De hecho, Bolívar murió derrotado, exiliado y consciente del fracaso de su sueño, dándose cuenta de que había sido utilizado por los ingleses.

Bolívar escribió que América es ingobernable, reconociendo que la emancipación había degenerado en un caos de dictaduras y anarquía. La Gran Colombia se disolvió en 1830 tras guerras internas, dando lugar a economías fragmentadas que perdieron hasta un 30% del PIB en una década. Iturbide en México proclamó un imperio efímero antes de ser ejecutado, dejando un legado de inestabilidad con 50 cambios de gobierno en 50 años.

El profesor Marcelo Gullo sostiene que los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín (y para mi, especialmente San Martín) no quisieron romper de forma absoluta los vínculos que unían a América con España, sino que buscaron la creación de un gran imperio constitucional hispano criollo con capital en Madrid. Pero ya era tarde. Ese proyecto no pudo ser por instigación extranjera y ansia de poder de las élites. El desmoronamiento fue sistemático. Los indígenas y los mestizos, excluidos de toda decisión sobre el futuro de sus países, sufrieron mucho más.

En Perú, los realistas indígenas lucharon por la corona que les garantizaba sus tierras. Su derrota fue la pérdida de sus tierras a favor de los nuevos regímenes criollos. Esta barbaridad dejó un legado de fronteras arbitrarias, disputas territoriales y economías aisladas que no compitieron globalmente. La fragmentación provocada por aquella aristocracia de jóvenes privilegiados persiste en divisiones que debilitan a toda Hispanoamérica.

En conclusión, la independencia fue una tragedia fundacional, no una epopeya libertaria. No trajo unidad, ni libertad ni desarrollo, trajo caos, fragmentación, subordinación y pobreza. Los datos históricos matan el relato falsario y la propaganda nacionalista, porque muestran que la prosperidad virreinal, con un crecimiento económico del 3% anual en el siglo XVIII, se perdió a lo largo del siglo XIX, debido al endeudamiento con el Reino Unido, que esclavizó a las economías americanas, mientras las triunfantes élites criollas priorizaban su poder personal sobre el bien común y el desarrollo de sus países.

José Luis Navarro (actualizado el 18-8-26)


NOTAS

Nota sobre “El Plan Maitland”: fue un documento secreto británico redactado en el año 1800 por el militar Thomas Maitland. Su meta era destruir el imperio español en América del Sur, tomar Buenos Aires y Chile, y liberar Perú para abrir nuevos mercados al comercio de Inglaterra.

Pasos principales del plan:

  • Tomar Buenos Aires: Entrar por el Río de la Plata para tener una base fuerte en el este.
  • Cruzar los Andes: Pasar por Mendoza y marchar con tropas hacia Chile para vencer a las fuerzas realistas.
  • Atacar Perú: Armar barcos en el océano Pacífico, viajar al norte y tomar Lima para acabar con el centro del poder español.

Relación con la independencia:

  • Gran Bretaña no usó este plan de manera oficial en ese momento.
  • Años después, y de manera extraoficial y secreta, Simón Bolívar y José de San Martin por sugerencias de los ingleses y posiblemente exigido por ellos, usaron el plan y siguieron sus directrices al pie de la letra San Martín usó esa estrategia para cruzar los Andes y lograr entrar en Chile y Perú desde Argentina y Bolívar descendió desde el Norte.

Nota sobre los términos “Criollo” y “Criollos”: El término criollo se utiliza principalmente para designar a los descendientes de europeos que nacieron en un país hispanoamericano. También se aplica de manera más amplia para referirse a todo aquello que es autóctono o propio de la cultura de estos países.

Origen y evolución del significado

Con el tiempo, el concepto evolucionó y se adaptó al español para distinguir a los hijos de españoles (y otros europeos) nacidos en América, frente a los peninsulares (nacidos en España).

La palabra proviene del portugués crioulo. Aunque el uso original estaba ligado a la jerarquía social de la época virreinal, su significado ha variado dependiendo del país y el contexto:

  • En el ámbito histórico: Los criollos llegaron a formar una poderosa élite económica e intelectual que lideró y dirigió los procesos de independencia en gran parte de la América Hispana.
  • En el habla coloquial de varios países: Se utiliza como sinónimo de algo tradicional, popular o característico del lugar (por ejemplo: música criolla, comida criolla o expresiones vernáculas).

Este término crea confusión. Cuando en el ámbito histórico mencionamos “criollos” el lector o el auditorio piensa que nos estamos refiriendo a la población en general o autóctona.

Puedo afirmar, con conocimiento de causa, que hay muchos estamentos políticos, gubernamentales y estatales interesados en que esta interpretación errónea se generalice y se mantenga, como, por ejemplo, sucede también, con los términos “Latino” y “Latinoamérica”. Todo lo que cree confusión o malas interpretaciones en cualquier tema relacionado con los virreinatos e independencias es bien recibido en estos estamentos e instituciones.

José Luis Navarro.

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El GRAN ENGAÑO de la INDEPENDENCIA de América
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La independencia de America fue una tragedia fundacional, no una epopeya libertaria. No trajo unidad, ni libertad ni desarrollo, trajo caos, fragmentación, subordinación y pobreza. Los datos históricos matan y desmienten el relato falsario y la propaganda nacionalista.
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