Imperio Español. Caída, Venganza y Traición
España saqueada traicionada y desmembrada, de imperio que dominaba los mares a una nación humillada
Primero los Borbones que con el Tratado de Utrecht (1713) regalaron territorios y hundieron su grandeza. Luego el expolio de Napoleón y los británicos, robando arte, destruyendo fábricas y condenando al país a la miseria, el expolio y la destrucción. Y finalmente la traición en América de las élites criollas con apoyo extranjero, rompiendo la hispanidad y creando un mosaico de repúblicas débiles y dependientes
España no fue derrotada, la hicieron caer y hoy es hora de contar la verdad. Bienvenidos a la mayor traición de la historia.

Francia e Inglaterra arrasaron el país y la industria.
España año 1814. Tras seis años de guerra y con casi medio millón de españoles muertos a manos de los franceses España se encuentra sumida en la ruina. Mientras el país sangraba, Francia y los que decían ser nuestros aliados, los británicos, aprovecharon el caos para despojar a España de su alma.
Fábricas que competían con las mejores del mundo… saqueadas y destruidas. Minas estratégicas con importantes y grandes producciones arrasadas para alimentar la maquinaria de guerra enemiga. Catedrales y monasterios despojados de sus tesoros más sagrados. Obras de arte que hoy cuelgan en museos extranjeros y que aún se siguen reclamando. Francia, Inglaterra, ambos se repartieron el botín dejando a España empobrecida y humillada.

Sigue leyendo y descubre como el gran robo del siglo condenó a un imperio a vivir entre ruinas.
Uno de los más devastadores golpes ocurrió en Cataluña, el centro textil más importante de España.
En 1811, las tropas francesas atacaron las fábricas de Sabadell y Terrasa, líderes en la producción de telas de alta calidad. Los telares, muchos de ellos recién importados, fueron desmantelados y enviados a Francia para reforzar la industria de Lión. Almacenes llenos de productos terminados fueron incendiados dejando a cientos de familias en la miseria, afectando a la economía local. En Guadalajara la Real Fábrica de Paños, un pilar de la producción textil fue completamente destruida. En 1812, esta fábrica que había abastecido al ejército español con uniformes y mantas durante décadas fue incendiada deliberadamente por las tropas napoleónicas, las llamas consumieron los telares y los almacenes, dejando inutilizable la infraestructura de la región. Sin estas instalaciones el ejército español quedó desprovisto de recursos esenciales, lo que debilitó aún más su capacidad para resistir
La minería, otro sector clave de la economía española, también fue objeto de saqueo. En 1811 los franceses ocuparon las minas de Riotinto famosas por su producción de cobre. Durante su ocupación extrajeron toneladas de este recurso usando trabajadores en condiciones extremas, enviando el material a Francia para ser utilizado en la fabricación de armas y municiones. Las minas de Almadén, una de las mayores fuentes de mercurio del mundo, sufrieron un destino similar. Entre 1810 y 1812, los franceses explotaron estas minas al máximo, llevándose grandes cantidades de mercurio, mientras destruían parte de las instalaciones para evitar que volvieran a funcionar.
En el norte, el País Vasco, conocido por su industria metalúrgica, sufrió una devastación similar. En Bilbao, las fundiciones de hierro y en menor medida acero, vitales para la producción de armas, fueron saqueadas en 1813. Los franceses desmantelaron las herramientas y maquinaria, enviándolas a Francia para reforzar su propio esfuerzo bélico. Esta destrucción dejó a la región sin capacidad para abastecer a las guerrillas locales
Los astilleros, esenciales para la defensa naval y el comercio, también fueron blanco de los franceses.
En Cádiz, durante su retirada en 1812, los Invasores franceses, incendiaron almacenes llenos de madera y cobre, materiales imprescindibles para la construcción de barcos. En Cartagena, saquearon herramientas navales y sabotearon embarcaciones en construcción. Ferrol, en Galicia, no fue la excepción. Los franceses dañaron instalaciones y destruyeron embarcaciones en los astilleros dejando a España sin capacidad para defender sus costas. En Valencia, las tropas napoleónicas atacaron fábricas de pólvora y talleres de armas en 1811, así como las de Manresa y Toledo en el mismo año y la de Granada en 1812.
La estrategia francesa no se limitaba a destruir la infraestructura industrial, también apuntaba a desestabilizar la logística básica. En Castilla y La Mancha, los molinos de viento e hidráulicos, fundamentales para la producción de harina, fueron desmantelados o quemados. Este ataque agravó la crisis alimentaria en regiones ya afectadas por la guerra, dejando a miles de familias al borde de la hambruna. Los franceses se aseguraron de controlar los suministros de alimentos, utilizando el hambre, como arma para someter a la población. El impacto de estas acciones no fue solo económico, sino también simbólico, cada fábrica destruida, cada mina saqueada, y cada taller incendiado, eran recordatorios del dominio extranjero sobre un país que una vez había liderado el mundo. Las llamas que consumían los telares no solo quemaban la economía española, sino también su orgullo y autonomía. España estaba siendo despojada de su capacidad para luchar y reconstruirse. Y cada día bajo la ocupación francesa, hacía más profundo el abismo entre su pasado glorioso y su presente devastado

Además del expolio industrial y economico de España, añadieron otra capa de devastación. Las tropas napoleónicas también se lanzaron sobre catedrales, monasterios y palacios, despojando al país de un legado construido durante siglos.
En 1809, los franceses saquearon la catedral de Toledo, un símbolo de la espiritualidad y el poder cultural de España. Aunque algunas piezas se recuperaron tras la guerra, muchas otras desaparecieron para siempre alimentando el mercado negro de arte europeo. Este no fue un caso aislado, otras catedrales como las de Burgos y Sevilla también fueron despojadas de sus tesoros artísticos y religiosos con numerosas obras de arte que terminaron en colecciones privadas extranjeras
En 1810, el monasterio de El Escorial, símbolo de la monarquía española, fue despojado de más de 180 manuscritos únicos. Estos textos, que incluían códices medievales y tratados filosóficos árabes, fueron enviados a Francia donde muchos acabaron en la biblioteca de París. La biblioteca del monasterio, considerada una de las más valiosas de Europa, quedó profundamente empobrecida tras este saqueo.
Al mismo tiempo, en Zaragoza, las iglesias y conventos fueron despojados de sus retablos, reliquias y joyas. Durante los sitios de 1808 y 1809, la basílica del Pilar perdió adornos históricos, incluidos varios relicarios de oro, que nunca se recuperaron, y esto fue posible debido a la complicidad del arzobispo Ramon José de Arce y su Obispo auxiliar Miguel Suárez de Santander, ambos afrancesados.
Este saqueo no solo destruyó el patrimonio material de la ciudad, sino que también golpeó su identidad espiritual y cultural.
Además, en un acto de barbarie y de nulo respeto por un gran guerrero de honor, se profanó la tumba de Gonzalo Fernández de Córdoba, “El Gran Capitán”, vencedor de varias batallas contra los franceses.
Se tomaron su peculiar venganza, deshonrando los huesos del que una vez fue su pesadilla. En el monasterio de San Jerónimo en Granada. el general francés Horace Sebastiani se llevó la calavera de este héroe español que hoy en día se encuentra en paradero desconocido.

El saqueo británico, aunque menos conocido, fue Igualmente devastador.
En 1812, tras la victoria en la batalla de los Arapiles, las tropas de Wellington entraron en Salamanca y se apoderaron de parte de la biblioteca de la universidad. Manuscritos medievales, libros raros y mapas antiguos, fueron enviados a Inglaterra donde muchos acabaron en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Este acto justificado como una medida de protección, privó a España de una parte de su legado intelectual. Hoy en día, muchos de estos textos, siguen fuera del país. Un recordatorio del doble filo de la alianza con Gran Bretaña.

En el País Vasco, los británicos también participaron en el desmantelamiento de la industria local. Tras liberar el norte del control francés, las tropas británicas confiscaron lo poco que habían dejado los franceses de las fábricas de armas de Éibar. Estas herramientas fueron enviadas a Inglaterra.
Otro ejemplo notable ocurrió en San Sebastián, en el norte de España, donde las tropas británicas saquearon la ciudad bajo el pretexto de garantizar su seguridad. Almacenes de alimentos y bienes esenciales fueron vaciados y muchos edificios civiles fueron incendiados, dejando a la población local sumida en la pobreza. Este saqueo debilitó aún más la economía vasca, que ya había sufrido los efectos de la ocupación francesa.
En Andalucía la situación no fue diferente. En Sevilla, los británicos saquearon los conventos locales.
En Málaga, talleres portuarios y almacenes agrícolas, fueron despojados y sus materiales llevados a Inglaterra y Gibraltar. Por si fuera poco, el rey Fernando VII, considerado por muchos uno de los peores monarcas de la historia de España, hizo caso omiso a las misivas enviadas por Wellington donde, él exponía que deseaba devolver más de 300 pinturas recuperadas tras capturar el convoy de José Bonaparte con obras de Velázquez Murillo o Tiziano entre otros. Encontrándose actualmente en el Museo Wellington en Londres con el nombre de the Spanish gift (“el regalo español”). En 1816 y con la oposición de los ciudadanos de Paris, se pudo recuperar 286 obras del Louvre que fueron añadidos al Museo del Prado.
El mariscal francés Soult, se quedó para su colección privada más de 100 cuadros españoles, que nunca fueron devueltos, hasta su muerte en 1851 y tras comprar el gobierno español parte de ellos a precios desorbitados. Se calcula que solo en pinturas se pudo recuperar apenas un 40% de lo expoliado.

España un país que había dominado Europa y el Nuevo Mundo durante siglos, se veía ahora humillada, despojada de su riqueza y su historia. Cada obra de arte robada, cada fábrica y cada mina destruidas y saqueadas, representaban un golpe no solo a la economía del país, sino también a su orgullo y a su identidad.
A pesar de la resistencia y el sacrificio de miles de españoles, el legado de la guerra napoleónica fue un país empobrecido,despojado de una parte esencial de su patrimonio. Muchos de los bienes saqueados nunca regresaron y aquellos que lo hicieron tardaron décadas en ser recuperados.
Lo contado aquí, ha sido una pequeña parte del gran expolio y destrucción, sufridos por venganza y envidia, hacia un país que no pudieron ni hacerle sombra, ni vencer durante siglos.
Los enemigos de España borraron la cultura hispana.

¿LATINOAMERICA?
España finales del siglo XVIII. Con territorios que se extendían desde las filipinas hasta la Tierra del Fuego, dominando los océanos y controlando las rutas comerciales del mundo, durante más de tres siglos la monarquía hispánica había construido un vasto sistema de virreinatos y provincias ultramarinas donde el mestizaje, la evangelización y el desarrollo urbano, fueron la norma.
Un imperio basado en la integración, donde indígenas criollos y peninsulares compartían ciudadanía bajo la misma corona. Ni esclavistas, ni segregacionistas, ni meros colonizadores.
España había tejido un sistema donde la fe, el idioma y la lealtad al rey eran el pilar de una civilización unida. Pero este orden no gustaba a sus enemigos.
Desde el siglo XVI Francia e Inglaterra Habían intentado debilitar a España. Inglaterra lo hizo con piratería y agresiones en el Caribe, mientras que Francia, con sus ambiciones expansionistas en Europa y América, veía en la fragmentación del imperio español su mejor oportunidad. Ambos sabían que derrotar a España militarmente era casi imposible, así que optaron por una guerra más insidiosa, una guerra de desgaste, infiltración y manipulación.
España no gobernaba sus territorios como colonias, sino como provincias y reinos integrados en un sistema político administrativo bien estructurado. Desde el Consejo de Indias que supervisaba el gobierno en América, hasta las audiencias, que funcionaban como tribunales y órganos administrativos.

La monarquía hispánica había desarrollado un modelo de gobierno descentralizado que permitía una administración eficiente. Las leyes de Indias promulgadas desde el siglo XVI establecían un marco jurídico que protegía a indígenas y criollos prohibiendo abusos y garantizando derechos. Fue el primer cuerpo legal en la historia en reconocer la humanidad de los indígenas otorgándoles la categoría de súbditos libres.

El Imperio español no se limitaba a extraer recursos, sino que creaba ciudades y sociedades estructuradas. El trazado de cuadrícula de sus ciudades, aún visible en muchas capitales hispanoamericanas, fue un reflejo de un plan de urbanización que buscaba orden, integración y desarrollo económico.
Mientras Londres y París eran centros de insalubridad, en el siglo XVIII ciudades como Ciudad de México y Lima eran consideradas las más sofisticadas del mundo.

Plano de Lima. Grabado de fray Pedro Nolasco (1687) Foto: Archivo General de Indias
En cuanto al comercio, el Imperio español había diseñado un sistema económico global con rutas comerciales que conectaban Europa, América y Asia. Gracias a la carrera de indias o el galeón de Manila y el sistema de flotas y galeones, las riquezas fluían de manera regulada, asegurando estabilidad y crecimiento.
En las ciudades del Nuevo Mundo, la plata de Potosí y Zacatecas, la producción agrícola de los virreinatos y el comercio con filipinas y China a través del galeón de Manila, convirtieron a la hispanidad en el motor de la economía global.
Para 1790, Lima y Ciudad de México rivalizaban en riqueza con cualquier ciudad europea. Además, Buenos Aires se consolidaba como un puerto clave del Atlántico.
El comercio no solo enriquecía a España, sino que beneficiaba directamente a los virreinatos.
Mientras los imperios británico y holandés explotaban sus colonias con un modelo de segregación racial y económica, España permitía la movilidad social y la participación de mestizos e indígenas en la economía Imperial.
Pero esta prosperidad también atrajo la codicia de sus enemigos. Inglaterra incapaz de derrotar a España en los campos de batalla, cambió de estrategia. Romper el Imperio desde dentro.
Mientras España luchaba contra la invasión francesa, sus enemigos aprovecharon el momento para atacar desde otra dirección. La fragmentación interna de la hispanidad.
En los virreinatos de América había una población leal a la corona, pero también una élite criolla que veía la oportunidad de tomar el poder para sí misma. No eran indígenas supuestamente oprimidos levantándose contra el yugo español, como la propaganda posterior intentó vender, eran hispanos contra hispanos, españoles nacidos en américa, enfrentándose en una guerra civil con el sello de las grandes potencias europeas
Inglaterra había intentado durante siglos penetrar los territorios españoles en América, desde la piratería de Francis Drake en el Caribe hasta el fallido intento de invasión de Buenos Aires en 1806 y 1807.
Los británicos sabían que los virreinatos eran demasiado fuertes para vencerlos con las armas. Hasta 1808 los virreinatos no tenían grandes movimientos independentistas. Las ciudades más ricas del mundo en ese momento eran hispanoamericanas, pero cuando los criollos vieron la oportunidad de tomar el poder utilizaron la excusa de la libertad para apoderarse de las estructuras del Estado.
Pero … ¿Libertad para quién?
No para los indígenas que bajo la monarquía hispánica tenían sus propios jueces, leyes y tierras protegidas, pero que, tras la independencia, vieron como sus derechos fueron eliminados por las nuevas repúblicas. No para los mestizos que perdieron las posibilidades de ascenso social que antes les permitían las instituciones imperiales. No para los pueblos en su conjunto que pasaron de formar parte de un sistema organizado con una economía fuerte a una serie de Estados débiles.
¿El resultado? Inglaterra y Francia lograron lo que no pudieron con las armas, desmantelar la economía hispana y convertirla en dependiente del capital europeo.
Los nuevos gobiernos criollos no trajeron prosperidad sino corrupción, caudillismo y guerras internas sin fin.
Pero la ofensiva de Francia no terminó ahí. Si no podían gobernar América con soldados, lo harían con la cultura y la propaganda y así nació el mayor daño a la hispanidad, la invención del término «latino«.
Este término fue mencionado por Michel Chevalier en 1836 para justificar la presencia de Francia en América como una potencia latina. Confirmándose en 1856 por Napoleón III, cuando promovió la idea de América Latina para legitimar la intervención francesa en México.

Hasta entonces los ciudadanos que habían formado parte de la monarquía hispánica se identificaban como hispanos. La idea de que eran parte de algo latino fue un movimiento político e ideológico de los franceses para justificar su intervención en el Continente.
En 1861, Napoleón III ordenó la intervención militar en México con la excusa de recuperar deudas pendientes. En un principio España se unió a Francia, pero cuando el general francés Charles de Lawrence rompió lo acordado de la convención de Londres, España se dio cuenta de que Napoleón III tenía en mente otros planes más imperialistas. Para ello impuso a Maximiliano de Habsburgo como emperador de México, tratando de implantar un sistema monárquico europeo en un país cuya identidad había sido forjada dentro de la tradición hispánica y que ahora caminaba independiente.
Pero Napoleón III también quería controlar la narrativa histórica. Fue en este periodo cuando intelectuales franceses y sus aliados en las élites criollas comenzaron a popularizar el término América Latina presentándolo como un concepto cultural que englobaba a los pueblos de habla española, portuguesa y francesa.
La trampa era Clara…
Si América era latina, entonces no era hispánica. Si los nuevos países aceptaban esta etiqueta, estarían aceptando que su identidad no estaba vinculada a España, sino a una vaga herencia europea latina en la que Francia podía reclamar un lugar de influencia. Los nuevos gobiernos criollos que habían recibido apoyo británico y francés aceptaron la etiqueta sin cuestionarla. Les convenía desvincularse de España a la que culpaban de todos sus males. El resultado fue desastroso, al aceptar la etiqueta latina, Hispanoamérica se convirtió en un bloque sin raíces claras y abierto a la manipulación extranjera.

Pero aquí es donde viene la gran pregunta:
Sí América habla español y portugués ¿por qué no podemos llamarla Latinoamérica?
Pues porque el idioma no define una civilización.
Si una nación es latina solo porque su lengua proviene del latín, entonces ¿por qué nadie llama latinos a los italianos franceses del Quebec o a los rumanos? Todos ellos hablan lenguas romances, pero nadie usa esa etiqueta para ellos. El argumento lingüístico no se sostiene y aún menos en Hispanoamérica donde siguen existiendo cientos de lenguas indígenas.
¿Dónde queda la identidad de los pueblos que hablan quechua, náguatl, mapudungun o guaraní?
Bajo la monarquía hispánica muchas de estas lenguas fueron protegidas, enseñadas en las misiones y hasta utilizadas en documentos oficiales, de hecho, el quechua fue lengua oficial en el virreinato del Perú. Pero después de la Independencia los nuevos gobiernos criollos las marginaron y las declararon ilegales.
En muchos casos seguimos diciendo Latinoamérica porque la guerra cultural nunca terminó. Hoy en día, en los libros de historia, en las universidades y en los medios de comunicación se sigue repitiendo que América es latina y no hispánica.
Pero esto no tiene por qué seguir así, es hora de recuperar la hispanidad, de reconocer que los territorios que formaron parte de la monarquía no fueron colonias sino virreinatos y provincias tan parte de España como Sevilla, Valladolid o Toledo.
El término latino no es más que una etiqueta impuesta para borrar nuestra identidad.
España y el imperio español no fueron derrotados en el campo de batalla sino traicionados por sus propias élites y saboteados por sus enemigos. Lo latino intentó fragmentar, pero la hispanidad nunca murió, solo espera a que sus hijos la reconozcan de nuevo porque la hispanidad es una hermandad que se fortalece en la unión de sus naciones libres y soberanas
Y ahora te pregunto a ti… ¿por qué sigues llamándote con un término inventado por un emperador francés que quería invadir América?
España 1814, ha terminado la guerra contra Napoleón. Casi medio millón de españoles han muerto por alzarse contra el invasor francés. El pueblo está agotado, pero con esperanzas. Dos años antes, en Cádiz, ciudad invicta, se declara la Constitución de 1812. Hay promesas de libertad y derechos pero llega Fernando VII y acaba con todos los sueños de reforma, 6 años de guerra, se vuelve al absolutismo

Año 1700, la guerra de sucesión española convierte el país en un campo de batalla. Castilla apoya a Felipe, pero la corona de Aragón se alinea con el pretendiente Habsburgo.
España se desgarra en una guerra civil mientras ejércitos extranjeros saquean el país.
En 1707, en Almansa, las tropas borbónicas aplastan a los partidarios de los Austrias. Las ciudades leales a los Habsburgo son castigadas. Valencia Zaragoza y Barcelona caen una tras otra. La victoria de Felipe V no sale gratis pues en 1713 se firma el tratado de Utrecht. Felipe es reconocido rey de España y el precio es brutal Gibraltar y Menorca pasan a manos británicas España pierde Flandes, Nápoles, Sicilia y Cerdeña. Inglaterra obtiene el monopolio del comercio de esclavos con América. España empieza a decaer como potencia. Los Borbones han llegado al trono y España ya ha sido amputada. Felipe V quiere rehacer el país, pero lo hace al estilo francés. En 1714 impone los decretos de Nueva Planta donde la corona de Aragón deja de existir, Cataluña, Valencia y Aragón son tratadas como territorios ocupados. Barcelona es tomada tras un asedio el 11 de septiembre de 1714.
Los Borbones han impuesto su ley a hierro y fuego.

En 1759 llega al trono Carlos III el único Borbón que intenta modernizar España. Intenta reformar el país con ideas ilustradas, mejora infraestructuras, fomenta la industria, moderniza la administración. pero en política exterior España sigue perdiendo. En 1762, en la Guerra de los 7 años, los británicos toman la Habana y Manila. España las recupera en 1763 pero a cambio entrega Florida.
En 1776, España apoya a los independentistas de Estados Unidos contra Inglaterra.
1783 el tratado de Versalles le devuelve Menorca y Florida, pero Gibraltar sigue en manos británicas.
Cuando Carlos III muere en 1788 su hijo Carlos I sube al Trono y el desastre regresa Carlos I es débil, torpe incapaz de gobernar deja el poder en manos de su favorito Manuel Godoy un militar ambicioso que controla España como si fuera su feudo personal.
1793 España entra en guerra contra la Francia Revolucionaria. Pierde en 1795 y firma el humillante tratado de Basilea cediendo la isla de Santo Domingo, pero lo peor está por venir.
En 1805 en la batalla de trafalgar al mando de un almirante francés se pierden algunas naves y hombres con experiencia muy preciados para el País. España pierde el control de los mares para siempre.
En 1807 con el Tratado de Fontainebleau España permite el paso de tropas francesas para invadir Portugal, pero Napoleón tiene otros planes. Las tropas francesas ocupan España. ¡Han dejado entrar al enemigo en casa!
Marzo de 1808, el pueblo se subleva en el motín de Aranjuez. Godoy es arrestado, Carlos I asustado abdica en su hijo Fernando, pero Fernando es igual de incompetente. Napoleón lo llama a Bayona.
Fernando abdica en favor de Napoleón que pone a su hermano José Bonaparte en el trono.
Los Borbones han entregado España sin pestañear. El pueblo español está solo.
El 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid se alza en armas, le sigue el resto de España. Los franceses responden con ejecuciones en masa, arrasan ciudades, destruyen la industria y queman los campos.
España entera se levanta en una guerra feroz contra Napoleón. Los Borbones han traicionado a su País
España está en ruinas.
1814, Napoleón es Derrotado. José Bonaparte huye. España ha resistido durante 6 años. El pueblo ha luchado en una guerra brutal con más de 300,000 muertos y la economía colapsada.
España podría haber aprovechado el momento para cambiar su destino, para modernizarse, para convertirse en una nación y un imperio fuertes. Pero Fernando VII regresa y lo primero que hace es traicionar a su pueblo. La Constitución de 1812 aprobada en plena guerra, prometía una monarquía constitucional con derechos y libertades, pero Fernando VII no la acepta, la deroga de inmediato y restaura el absolutismo. España vuelve al pasado.
Los liberales que pelearon contra Napoleón son perseguidos, encarcelados, exiliados o ejecutados.
El país se hunde en una nueva época absolutista. De nada ha servido la pérdida de cientos de miles de vidas. Mientras tanto en América los virreinatos se desmoronan. Los criollos adinerados sobornados por ingleses abandonan a España a su suerte en la guerra y empieza una guerra civil a gran escala. Españoles americanos contra españoles americanos.
1816 argentina se independiza.
1819 Colombia.
1821 México y Perú.
España no puede reaccionar. Su ejército está desgastado y sin recursos tras la contienda.
El golpe final llega en 1824. España ha perdido su imperio, solo conserva Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

España y el imperio quedan rotos, humillados, fragmentados, pero esto traerá graves consecuencias para todos, no solo para la península, si no para todos los territorios independizados.
La cena está servida. Los culpables y conspiradores, así como sus colaboradores, se cobrarán sus deudas y con inmensos intereses… ¡El imperio español ha caído!
José Luis Navarro (actualizado el 10-8-26)
NOTA
Nota sobre los términos “Criollo” y “Criollos”: El término criollo se utiliza principalmente para designar a los descendientes de europeos que nacieron en un país hispanoamericano. También se aplica de manera más amplia para referirse a todo aquello que es autóctono o propio de la cultura de estos países.
Origen y evolución del significado
Con el tiempo, el concepto evolucionó y se adaptó al español para distinguir a los hijos de españoles (y otros europeos) nacidos en América, frente a los peninsulares (nacidos en España).
La palabra proviene del portugués crioulo. Aunque el uso original estaba ligado a la jerarquía social de la época virreinal, su significado ha variado dependiendo del país y el contexto:
- En el ámbito histórico: Los criollos llegaron a formar una poderosa élite económica e intelectual que lideró y dirigió los procesos de independencia en gran parte de la América Hispana.
- En el habla coloquial de varios países: Se utiliza como sinónimo de algo tradicional, popular o característico del lugar (por ejemplo: música criolla, comida criolla o expresiones vernáculas).
Este término crea confusión. Cuando en el ámbito histórico mencionamos “criollos” el lector o el auditorio piensa que nos estamos refiriendo a la población en general o autóctona.
Puedo afirmar, con conocimiento de causa, que hay muchos estamentos políticos, gubernamentales y estatales interesados en que esta interpretación errónea se generalice y se mantenga, como, por ejemplo, sucede también, con los términos “Latino” y “Latinoamérica”. Todo lo que cree confusión o malas interpretaciones en cualquier tema relacionado con los virreinatos e independencias es bien recibido en estos estamentos e instituciones.
José Luis Navarro.

José Luis Navarro: Historiador. Investigador y Divulgador. Diplomado en Naturopatía,
Estudios en: Historia. Especializado en Historia Antigua. Historia Antigua de la Península Iberia. Historia Antigua del Medio Oriente. Descubrimiento y Conquista de América. Antiguas Civilizaciones en Oriente Medio. Historia Bíblica y del Cristianismo. Creador de la Multiterapia Natural un nuevo sistema de ayuda y aplicación terapéutico. Estudios en los procesos salud-enfermedad. Estudios en remedios naturales sus orígenes e historia de la medicina. Diplomado en Naturopatía.
Publicaciones: Diferentes artículos publicados en Internet (Historia. Investigación y divulgación. Salud, cuidados y mantenimiento del organismo) Preparando en la actualidad la publicación de artículos y libros.